Destinos

Vinhais

Vinhais es uno de esos lugares a los que, para llegar, hay que tener ganas de ir: no hay autopista y en alguna de las entradas, por el sur de la provincia de Zamora, ni siquiera hay una señalización que indique que por allí se va a Portugal. Además, pertenece a la terra fría transmontana, donde el año se divide en 9 meses de inverno e 9 meses de inferno, según sus habitantes. En suma: no es Cádiz. No obstante, los asturianos están volviendo a descubrir, después de mucho tiempo, las bondades de esta región del norte luso. Y, según wikipedia, «actualmente, Vinhais se distingue por los verde paisajes llenos de naturaleza y vegetación que le han valido el apodo de Sintra Transmontana«. Que la salud le conserve la vista al redactor.

Porque es una ciudad pequeña, donde es más fácil encontrar un bazar chino que una librería, tierra de castañas y capital del fumeiro (embutido ahumado), cuyo topónimo nos recuerda una producción vitinícola más bien reducida… pero es Portugal. Donde uno se siente como en casa. Incluso los osos.

A fervenza do Ézaro

Año 2012. Joaquim «Purito» Rodríguez vence en el primer final de etapa de la Vuelta a España en el mirador del Ézaro. Desde entonces el número de visitantes que visitan la cascada del Xallas, el único río de Europa que vierte sus aguas directamente al mar, se ha multiplicado por 10. A pesar de ello, la conservación de este paraje ha sido de todo menos modélica. Hasta no hace mucho, la fervenza (de ferver, en gallego, hervir) lo era en régimen de tiempo parcial. Del embalse situado poco más arriba apenas un hilo de agua caía en el común de los días. Se llamaba al Ayuntamiento de Dumbría, se consultaban las horas en las que, por intercesión de D. Manuel, el propietario abría las compuertas, y se organizaba la correspondiente excursión. Por lo general, de noche, llegando por un paseo de madera a un pequeño anfiteatro en el que la iluminación permitía ver algo más del caudal habitual. Si aquello alcanzaba el caudal ecológico, que baje Dios y lo vea.

La cascada se encuadra en el siempre demandado (y nunca autorizado) parque natural do Monte Pindo, el Olimpo Celta, con su guerrero de piedra y sus población de quejigos (robles enanos), única en Galicia y siempre amenaza por los continuos incendios. Y es que, como en muchos otros lugares, haiche moito fogheteiro.